La inteligencia académica poco tiene que ver con la vida emocional
Las características de la inteligencia emocional son:
- Capacidad de motivarnos a nosotos mismos
- Mantener el empeño a pesar de las frustraciones
- Controlar los impulsos
- Regular nuestros propios estados de ánimo
- Evitar que la angustia interfiera en las facultades racionales
- Capacidad de empatizar y confiar en los demás
Así pues, saber que una persona ha logrado graduarse con excelentes notas equivale a reconocer que es buena en las pruebas académicas, pero no nos dice nada acerca de cómo reaccionará ante las vicisitudes que le presente la vida.
La inteligencia académica no ofrece preparación para la multitud de dificultades y oportunidades a las que deberemos enfrentarnos a lo largo de nuestra existencia.

De hecho, Howard Gardner dice que existe un amplio abanico de inteligencias. Él es perfectamente consciente de que el número siete de estas inteligencias que mencionó inicialmente es completamente arbitrario, ya que la lista se ha ido ampliando hasta llegar a 20 clases diferentes de inteligencia.

Gardner asume que la inteligencia es una capacidad, y esto implica que no se trata de algo innato e inmutable, sino que puede evolucionar y desarrollarse a lo largo de la vida. En este sentido, todos nacemos con una serie de capacidades naturales que podemos potenciar o dejar en segundo plano, dependiendo de cómo se estimulen durante nuestro crecimiento.
Así, según su teoría, cuando nos encontramos con una persona que es un prodigio de la música, por ejemplo, no es únicamente por un talento innato, sino porque su capacidad artística ha sido estimulada y desarrollada a lo largo de la vida. No obstante, también debe reconocerse la influencia del componente congénito y natural, que juega un papel importante en ese desarrollo.
Bibliografía
Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional.